20 de agosto de 2008

Cuando no concuerda

A Gabriel lo vi sin querer, como queriendo ver de donde sale la música mientras sorbía el café que me estaba tomando en el ágora. De golpe no lo reconocí, aunque por alguna extraña razón, pasaron unos 5 segundos eternos en los que no pude quitarle la vista de ensima, aún sin reconocerlo. Creo que mi mirada no era ni de asombro ni de atontamiento, pese a lo guapo que se veía, sino que fué una de esas miradas que escanean para guardar información totalmente objetiva.

Cuando le plantó a Chio el beso en la mejilla y ella le puso atención, fué cuando lo reconocí. Él no me conoció. Hacía algunos años ya que no lo veía, y era mayor la posibilidad de que yo lo recordara a que él me recordara a mi, pues yo escuchaba de él por medio de una roomie a la que volvía loca, mientras que él apenas y me habría visto un par de veces, siendo yo ahora muy diferente.

Me sorprendieron sus gestos; la mirada brillante, profunda y retadora. La manera en la que movía las cejas, convirtiendo cada movimiento de estas en un lenguaje que lo describía sagaz; y sobre todo la sonrisa que parecía salirsele de un alma sui generis, y que por alguna razón extraña, me hizo imaginarlo creativo como el más libre de los artistas. El cabello se le había obscurecido, los zapatos se le habían ensuciado, el semblante de hombre le quedaba mejor que el de niño, igual que le quedaba mejor la ropa ahora que no se veía tan flacucho.

Sentí pena por aquella Roomie... Su nombre no empezaba con G, como el de él.

3 comentarios:

*CaleidOscópica dijo...

lindo texto, gOmita XD


saludos!!


sabremos más de G?

Cary dijo...

por ahi me huele a ke a usted le gusto!!... uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu... jajajajaja

Zanahoria dijo...

Y después que pasó??

Saludos! ^^