Verde con
Naranja,
inmensa.
Del tamaño de mi mano. Se posó en mi rodilla con una
delicadeza de
dinosaurio moribundo, mientras yo me quedaba
viendo el cielo, sentadita en las escaleras.
Sé que me pegó algo.
Dos horas después me tiré a
llorar en mi cama, sin ninguna
tristeza, sin ningún
dolor, era sólo un llanto inclemente como
tormenta huracanada que empapaba el cobertor de mi cama. No supe... hasta que me
quedé dormida unos veinte minutos y desperté con una
nostalgia sacada de no se donde. Fué la
mariposa, que sabía que se
iba a morir y me pasó todas los
llantos que se cargaba en sus inmensas alas.