Su mano buscó
la mía en la
d i s t a n c i a, con la intención de
balancearlas sobre un fondo de
arena salada y
pedacitos de
conchas multicolores, pero
yo me encogí. Me aprisioné a mi misma como a quien
el frio le cala hasta los
huesos y fruncí la nariz para acomodarme las
gafas de sol.
- Qué te sucede? - Preguntó
paciente,
sereno y
dulce.
Un tono irreconocible. Yo
le sonreí con una
lluvia de nostalgias coleccionadas, de las cuales, después de
tanto tiempo, no sabría decir cuales eran
mías, si las había
comprado,
robado o
encontrado; ni menos aún cuales eran
suyas.
- No me quiero mojar - Dije con un
tono casual, respondiendo a
cualquier pregunta, solucionando
cualquier problema y al mismo
tiempo huyendole a cuanto pudiera alcanzarme -
Hará bastante frío en un rato.
Soltó un silencio corto y dos largos que me arrugaron el vestido al prenderse de él como cangrejos trasparentes y nos arrullaron mientras nos quedábamos parados mirando al sol amarillo ahogándose en el agua azul. Yo escuchaba a una mejor amiga gritarle a las olas, desafiando a cupido y quejarse de la sal que se le pegaba al cuerpo. Estaba lejos, muy lejos y jugando a las escondidas con la fuerza enigmática e incomprensible que ahora irradiaba el muso. Estiró su mano de nuevo, esta vez para rodearme con un brazo firme e inexistente. Huí, y él se rió con tono de quien todo lo sabe.
- A donde te muevas, la marea sube - Me advirtió burlón mientras yo le daba la espalda y me dirijía entre pedacitos de mosaicos de colores hasta un banco de hierbas.
- Tienes algo. No me quieres?
- Ya no quieres que te quiera - Le reproché - Y no sé qué hacer.
- Y hay que moverse sin ton ni son para saber qué hacer? - Dijo
burlesco, dándole la espalda a un horizonte de
nubes rosas.
- No me quiero mojar - Repetí convencida, y al instante sentí el frio repentino e inevitable de un mar tornasolado que no termina en el horizonte y unos encajes de espuma blanca se me pegaron a las pantorrillas. Me sentí ultrajada, absolutamente sorprendida y molesta de cierta manera.
- Qué te dije? A donde te muevas, chamaca. La marea sube.