Tenìa unos 4 años. Estaba tirada con la panza en el piso, vigilando la inmensa puerta cafè chocolate que guardaba el mundito color fresa de mis primas Hopkins. Llevaba un vestido de mezclilla blanco y unos converse rojos nuevos, ambos comprados en USA el dìa anterior. Mi tìa me habìa puesto a armar un rompecabezas, a sabiendas de que mis primas nunca me iban a dejar entrar. Me sentìa frustrada... Durante muchos años despuès pensè que jamàs me habìan querido cerca porque yo no era tan bonita como ellas.
Tenìan un universo paralelo ahì adentro. La mitad rosa, la mitad morado... y habìa muñecas en todas las paredes, y màscaras pintadas con brillantina escondièndose en los rincones. Habìa fotos, muchas! en las que mis primas eran princesas etèreas... o musas del Pitic y todo olìa a cìtrico mezclado con talco de bebè.
La ventana que daba a la calle estaba guardada por un par de cortinas moradas, detrás de las cuales me había escondido más de una vez para escuchar los relatos preadolescentes de las señoritas Hopkins. Siempre en torno a príncipes que cabalgaban bajo el ardiente sol de Sonora (Literal cabalgaban, ahí si hay caballos).
Las señoritas Hopkins eran 2. Alma Susana y Diana Ivette, hijas de mi Tía Alma Rosario Covarrubias y mi Tío Rubén Hopkins. Sin pasaporte, pues son de nacimiento americanas. Las ricas del pueblo. Las nietecitas de Lila de Hopkins y Berthita de Covarrubias. Las privilegiadas de haber nacido en su época y que seguro se convertirían en señoras de "bla bla bla" apellido bonito o americano que representaría dinero o un rancho grandote y muchas cabezas de ganado.
El punto es que el día que inicié este post había despertado en la cama tullida y morada de mi prima Susana, y lo primero que vi fue a mi prima Diana levantando un florero de Rosas acumuladas durante más de 10 años, pacientemente disecadas con sales y conservadas eternamente como adorno y recuerdo de sus días de princesas.
Pues levantó el florero, sacó el ramo y lo tiró. Me le quedé viendo asombrada. Observando... "Que bonita" pensé, y me metí mis Converse Azules para levantarme y esperar a que me hiciera desayuno.
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7 comentarios:
Hey que tal, aqui pasando por primera vez, esta muy chido tu blog, saludos u_u.
orale!!... Me pasó lo mismo.... y siempre que iba a casa de mi prima, me tenía que quitar los zapatos para poder entrar en su cuarto... del cual no me era permitido tocar absolutamente nada, entonces , hubo una véz que me dejaron sola poque fueron por ella a la clase de ballet..... y tomé todo jajajajajaja, recuerdo muy bien haber tenido el playdo en mis manos y sobre su cama jajajaja... las barbies, sus miles de ropitas.... desde entonces, no recuerdo haber sufrido nunca más discriminación o exclución jejejejejejeje.......
La verdad no creo que no te quisieran cerca porque no eran tan bonita... yo creo que era porque eras MAS bonita, entonces no podían soportar jejejejejejejeje...
Besos chika bonita! =)
ehh ami me pasaba eso... u.u, era un mundo desconocido e inalcanzable u.u , pero pues claro que mis primas eran adolescentes y obvio no kerian una mocosa en su mundo...
yo concuerdo con el comentario anterior, eras mas bonita que ellas =)
Sólo recuerdo una vez que unos primos de Guadalajara se encerraron en su cuarto para no jugar conmigo, tons yo me puse a patear la puerta y golpearla hasta hacerle un agujerote, y cuando pude entrar, descubrí que ellos habían huido por una puerta trasera la cual desconocía. bbuuu buuu
Ese mundito color rosa... mejor que nunca te dejaron entrar; mejor create tu mundo... espero la continuacion.
Tengo unas primas así, sólo que ellas son francesas. Y vienen en verano y no me salvo, porque regresando de mi viaje les faltan un par de semanas aquí, y en mi cuarto. Preferiría no verlas. Las quiero... pero lejos. En fin, que la sangre, sangre es... y a veces es por eso que no importa.
Me voy seis semanas. Abrazo!!! Y beso beso.
:) saludo.
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